TAMBIEN EN EL CONGRESO SE NECESITA UNA PURGA.
“Puede ser que años atrás sólo habitaban el Congreso personas ilustres y de gran bagaje cultural y académico. Hoy en día, la situación es penosa. Aquí cualquier puede ser congresista”. Dunia de Wint
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Nuestros congresistas llaman mucho la atención. En muchas ocasiones nos preguntamos ¿Si las provincias o comunidades por quienes fueron electos antes el Congreso los conoce? Y lo mas grave aun ¿Si los que los eligieron han vuelto a saber de ellos? O ¿Si los que están han jartado con sus publicidades y publicaciones absurdas exhibiendo las miserias y el clientelismo? Simplemente visitan los electores les hacen ofrecimientos vanos y hacen una campaña breve, por medio al clientelismo que impera, reparte unos míseros pesos, electrodomésticos, medicinas, comidas, entre otras cosas y entre algunos “compañeritos” y ya son los beneficiados por unos votos “comprados” y se hacen representantes de esas comunidades en un lugar tan importante como lo es El Congreso Nacional. La definición de congresista según el Diccionario es de un representante constitucional de unas de las Cámaras, Senadores o diputados, electos para legislar las leyes de su país. Con esta definición seguimos preguntándonos ¿Tenemos congresistas? La repuesta es obvia pues aunque tenemos que señalar que dentro de las cámaras legislativas tenemos grandes hombres y mujeres con capacidad intelectual, honestidad, responsabilidad y verdaderamente una vocación de servicios, también tenemos que tomarle la palabra a nuestro Señor Presidente Dr. Leonel Fernández “ Tenemos que sacar las lacras sociales” no así de los Cuerpos Castrenses y la Policía Nacional, sino de las Cámaras Legislativas, de los Ayuntamientos del Ministerio Publico, si esos Senadores y Diputados, Síndicos, Regidores iletrados, insulsos, corruptos y desconocedores del papel que les corresponde y de las responsabilidades para lo que fueron electos. Los malabares para llegar no están distinguidos en ningún estamento legal, pues ejercen prácticas tan desleales que para qué enumerarlas. Abundan como parte de las intríngulis para ganar, las reuniones secretas, comidas y encuentros clandestinos, dineros repartidos, secuestros de daciones a través de organizaciones y Secretarías y Direcciones Gubernamentales, creaciones de ONGs que nunca invierten para lo que las crearon, acuerdos por debajo de las puertas y a espaldas de los mismos partidos. Siempre creí que a estas posiciones solo iban personas cultas, intelectuales, pulcras, honestas y con mucho Don de servicios y desprendidas para servir al pueblo. Esas ideas me las inculcaron mis familiares y los medios donde me desenvolvía, y mas aun, después de ingresar a un partido con esa doctrina como lo es el Partido de la Liberación Dominicana, pero a medida que van pasando los años, haber sido despojada descaradamente de una candidatura a diputada y me he ido abriendo paso junto a mis compañeros y familiares he llegado a la conclusión de que la podredumbre congresual de nuestro país necesita una limpieza al igual que los cuestionados Cuerpos Castrenses y la Policía Nacional. Y que las responsabilidades de velar por los intereses del pueblo son puras utopías, fantasías mitológicas o sueños de quimeras. Hoy día no me he podido curar de espanto, pues esas personas que imaginé en el Congreso ilustres, intelectuales y de gran nivel cultural y académico, que debieran tener conocimientos muy elevados de las cosas. Me dejan asombrada como a todos los dominicanos, llamándose profesionales sin haber obtenido nunca un titulo, ni muchos menos habiéndose inscrito en una universidad, ostentando propiedades sin nunca haber heredado o trabajado para acumular riquezas que les permitan las compras, lujosas mansiones que no alcanzan a explicar como las adquieren, escándalos financieros, acusaciones de involucramientos y sujetos a investigaciones de desfalcos, lavado de dinero y hasta del narcotráfico a través de familiares muy cercanos, muertes todavía no esclarecidas y que por negociaciones se han quedado impune. Ahora cualquiera puede ser congresista y es lo mas grave que nadie que dirige los partidos ha analizado el daño ocasionado a nuestro sistema político y congresual. El Congreso es un mercado de Pulga cualquiera, un mercado de cualquier barrio populoso lleno de aguas negras, basuras y lodos no tiene nada que envidiarle al Congreso Nacional Dominicano. Yo, declarada enemiga del gobierno como comunicadora por partes de mis congresistas, no me siento identificada con esos congresistas, si, esos que alegremente forman comisiones y son creídos, son escuchados y negociados, de hecho, quiero el pueblo me de su apoyo para ser congresista, si pero congresista con un criterio diferente y habiendo impulsado esas creencias desde niña de lo que era un congresista, yéndome a las universidades, yéndome a las comunidades y volviendo a ellas para saber de las condiciones, necesidades y deseos de ellas, no quiero congresistas haciendo nada, ganándose mucho dinero sin capacidad, distribuyéndose áreas protegidas y mutilando leyes, con dietas exorbitantes, pagas extras para viajes y demás, repartidores de promesas y populistas repartiendo y retratando las miserias para exhibirlas como preseas de triunfo. No quiero más congresista que representen a una provincia, sin conocer a esa provincia, y menos que utilicen sus problemas, su pobreza y sus miserias para acumular riquezas, no quiero congresistas que acumulen dinero rápido, poder para aplastar y privilegios a cambio de mentiras, cerca de las iglesias y las instituciones envenenando sus conciencias y fabricando mentiras. Por eso abogo por el saneamiento además de los ayuntamientos, del Ministerio Publico donde igual que a los Cuerpos Castrenses y la Policía Nacional el hedor por la podredumbre apesta. Por todo esto creo que tanto el Congreso Nacional, como los ayuntamientos y el Ministerio Publico deberían ser unos lugares de respeto, de formaciones de valores, de vergüenza, donde el dinero fácil, el narcotráfico, el lavado de dinero, el uso del poder, el populismo y el clientelismo no tengan espacio y de donde sean expulsados por los pueblos todas estas lacras sociales y solo se queden y lleguen las personas de capacidad, intelectualidad, honestidad, responsabilidad y sobretodo vocación de servicios.
Nuestros congresistas llaman mucho la atención. En muchas ocasiones nos preguntamos ¿Si las provincias o comunidades por quienes fueron electos antes el Congreso los conoce? Y lo mas grave aun ¿Si los que los eligieron han vuelto a saber de ellos? O ¿Si los que están han jartado con sus publicidades y publicaciones absurdas exhibiendo las miserias y el clientelismo? Simplemente visitan los electores les hacen ofrecimientos vanos y hacen una campaña breve, por medio al clientelismo que impera, reparte unos míseros pesos, electrodomésticos, medicinas, comidas, entre otras cosas y entre algunos “compañeritos” y ya son los beneficiados por unos votos “comprados” y se hacen representantes de esas comunidades en un lugar tan importante como lo es El Congreso Nacional. La definición de congresista según el Diccionario es de un representante constitucional de unas de las Cámaras, Senadores o diputados, electos para legislar las leyes de su país. Con esta definición seguimos preguntándonos ¿Tenemos congresistas? La repuesta es obvia pues aunque tenemos que señalar que dentro de las cámaras legislativas tenemos grandes hombres y mujeres con capacidad intelectual, honestidad, responsabilidad y verdaderamente una vocación de servicios, también tenemos que tomarle la palabra a nuestro Señor Presidente Dr. Leonel Fernández “ Tenemos que sacar las lacras sociales” no así de los Cuerpos Castrenses y la Policía Nacional, sino de las Cámaras Legislativas, de los Ayuntamientos del Ministerio Publico, si esos Senadores y Diputados, Síndicos, Regidores iletrados, insulsos, corruptos y desconocedores del papel que les corresponde y de las responsabilidades para lo que fueron electos. Los malabares para llegar no están distinguidos en ningún estamento legal, pues ejercen prácticas tan desleales que para qué enumerarlas. Abundan como parte de las intríngulis para ganar, las reuniones secretas, comidas y encuentros clandestinos, dineros repartidos, secuestros de daciones a través de organizaciones y Secretarías y Direcciones Gubernamentales, creaciones de ONGs que nunca invierten para lo que las crearon, acuerdos por debajo de las puertas y a espaldas de los mismos partidos. Siempre creí que a estas posiciones solo iban personas cultas, intelectuales, pulcras, honestas y con mucho Don de servicios y desprendidas para servir al pueblo. Esas ideas me las inculcaron mis familiares y los medios donde me desenvolvía, y mas aun, después de ingresar a un partido con esa doctrina como lo es el Partido de la Liberación Dominicana, pero a medida que van pasando los años, haber sido despojada descaradamente de una candidatura a diputada y me he ido abriendo paso junto a mis compañeros y familiares he llegado a la conclusión de que la podredumbre congresual de nuestro país necesita una limpieza al igual que los cuestionados Cuerpos Castrenses y la Policía Nacional. Y que las responsabilidades de velar por los intereses del pueblo son puras utopías, fantasías mitológicas o sueños de quimeras. Hoy día no me he podido curar de espanto, pues esas personas que imaginé en el Congreso ilustres, intelectuales y de gran nivel cultural y académico, que debieran tener conocimientos muy elevados de las cosas. Me dejan asombrada como a todos los dominicanos, llamándose profesionales sin haber obtenido nunca un titulo, ni muchos menos habiéndose inscrito en una universidad, ostentando propiedades sin nunca haber heredado o trabajado para acumular riquezas que les permitan las compras, lujosas mansiones que no alcanzan a explicar como las adquieren, escándalos financieros, acusaciones de involucramientos y sujetos a investigaciones de desfalcos, lavado de dinero y hasta del narcotráfico a través de familiares muy cercanos, muertes todavía no esclarecidas y que por negociaciones se han quedado impune. Ahora cualquiera puede ser congresista y es lo mas grave que nadie que dirige los partidos ha analizado el daño ocasionado a nuestro sistema político y congresual. El Congreso es un mercado de Pulga cualquiera, un mercado de cualquier barrio populoso lleno de aguas negras, basuras y lodos no tiene nada que envidiarle al Congreso Nacional Dominicano. Yo, declarada enemiga del gobierno como comunicadora por partes de mis congresistas, no me siento identificada con esos congresistas, si, esos que alegremente forman comisiones y son creídos, son escuchados y negociados, de hecho, quiero el pueblo me de su apoyo para ser congresista, si pero congresista con un criterio diferente y habiendo impulsado esas creencias desde niña de lo que era un congresista, yéndome a las universidades, yéndome a las comunidades y volviendo a ellas para saber de las condiciones, necesidades y deseos de ellas, no quiero congresistas haciendo nada, ganándose mucho dinero sin capacidad, distribuyéndose áreas protegidas y mutilando leyes, con dietas exorbitantes, pagas extras para viajes y demás, repartidores de promesas y populistas repartiendo y retratando las miserias para exhibirlas como preseas de triunfo. No quiero más congresista que representen a una provincia, sin conocer a esa provincia, y menos que utilicen sus problemas, su pobreza y sus miserias para acumular riquezas, no quiero congresistas que acumulen dinero rápido, poder para aplastar y privilegios a cambio de mentiras, cerca de las iglesias y las instituciones envenenando sus conciencias y fabricando mentiras. Por eso abogo por el saneamiento además de los ayuntamientos, del Ministerio Publico donde igual que a los Cuerpos Castrenses y la Policía Nacional el hedor por la podredumbre apesta. Por todo esto creo que tanto el Congreso Nacional, como los ayuntamientos y el Ministerio Publico deberían ser unos lugares de respeto, de formaciones de valores, de vergüenza, donde el dinero fácil, el narcotráfico, el lavado de dinero, el uso del poder, el populismo y el clientelismo no tengan espacio y de donde sean expulsados por los pueblos todas estas lacras sociales y solo se queden y lleguen las personas de capacidad, intelectualidad, honestidad, responsabilidad y sobretodo vocación de servicios.
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